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La Pompeya, una panadería italiana “de las de antes”

La Pompeya - Massimo al frente del local.

Entrar a La Pompeya es un viaje directo al pasado. Allí, el aroma al pan recién horneado “a la vieja usanza” se mezcla con los recuerdos y las anécdotas de Italia. Una verdadera panadería italiana, en el corazón del barrio de San Cristobal.

Una panadería con casi un siglo de historia: La Pompeya

“No nos imaginamos el barrio sin La Pompeya” dice un vecino al pasar. Y es que la tradicional panadería italiana está ahí desde hace muchos años. En algunos casos hasta tres generaciones han disfrutado de sus panes y sus delicias italianas.
El origen se remonta a principios del siglo XX y tiene a una familia como protagonista: los De Riso. Como tantos otros inmigrantes, los De Riso vinieron de Italia, más precisamente de Salerno, a iniciar una nueva vida en Argentina. Luigi, el patriarca, era panadero y cuando pisó Buenos Aires siguió con el oficio. Primero compró una casa sobre la actual Avenida Independencia, en épocas donde el barrio estaba rodeado de conventillos y “casas chorizo” y poco a poco la transformó en una panadería, muy similar a las que había en su ciudad natal.

La Pompeya - Recuerdos En La Pompeya
Las paredes y el interior se mantienen intactos, con algunos recuerdos de los primeros años de la panadería.

Como no podía ser de otra manera, Luigi comenzó a preparar algunos productos típicos de Napoli, como los panes grandes y rústicos, los taralli y las friselle. La noticia de que había un italiano en el barrio que hacía esas delicias se esparció como reguero de pólvora y los paisanos se fueron acercando al lugar, ¡de todas partes!
Durante más de 50 años, los De Riso estuvieron al frente de la panadería (Luigi tuvo siete hijos y la última de sus hijas falleció a los 85 años, en el año 2000) hasta que le cedieron la posta a uno de sus empleados, Mássimo Maresca. Mássimo también italiano y hoy lleva adelante con orgullo La Pompeya, manteniéndose fiel al estilo de la panadería.

Una pasión por la panadería que sigue viva

Mássimo llegó a la Argentina a los 10 años, en 1979. De chico venía a la panadería con su mamá y a los 20 años ingresó como empleado. Nunca más se fue. Hoy sigue apasionado por su oficio como el primer día y aunque muchas cosas cambiaron en la industria y cada vez hay menos panaderías que mantengan los procesos de trabajo artesanal, con materia prima fresca, en La Pompeya sigue todo igual.
“La panadería abre todos los días. Arrancamos a las 4 de la mañana. Usamos recetas tradicionales de Italia pero con productos argentinos. Es difícil y cuesta, pero la satisfacción que nos da cuando vienen nuestros clientes, le gana a todo“, cuenta Mássimo.
“Vienen muchos italianos y descendientes de italianos de todas partes. Algunos vienen con sus familias y más de uno se emociona al entrar y contarnos alguna anécdota vinculada a la historia del lugar”, agrega.

Los cannoli de La Pompeya: los preferidos del público

A la hora de hablar de los productos más pedidos por quienes visitan la panadería, sin dudas todos los premios se los llevan los exquisitos cannoli. Actualmente hay de crema pastelera, de ricota, de dulce de leche, de nutella y de pistacho. Y, déjenme decirles, son una delicia todos, imposible elegir uno solo.
El tiramisú, la sfogliatella y los taralli no se quedan atrás, pero el dulce siciliano es el preferido. Esta masa enrollada en forma de tubo que dentro lleva ingredientes mezclados es tan popular en Sicilia que no existe panadería que no los venda allá. Acá, por el contrario, no están tan difundidos. Por eso vienen de todas partes a comprarlos a La Pompeya. Incluso, si uno recorre su página de Facebook, hay hasta gente del interior que pasó por este comercio para llevarse sus tradicionales cannoli.

La Pompeya - Clientes en la panadería.
Hay clientes que vienen desde hace 40 años a la panadería y traen a sus hijos y nietos.

Un oficio sacrificado pero apasionante

El oficio de ser un verdadero panadero no es para cualquiera. Pero, quienes lo hacen, sin dudas aman su trabajo.
“Nosotros no usamos aditivos como se usan ahora, lo nuestro es todo natural y el cliente se da cuenta de eso cuando se lleva el pan”, explica Mássimo.
En La Pompeya los procesos no se han modernizado, por el contrario, todo es como era antes. Por eso tienen tanto éxito, porque quienes vienen al local están buscando eso. Además, la panadería tiene precios razonables y Mássimo lo cuenta así: “no puedo vender el pan a una millonada, por eso siempre buscamos tener precios bajos, que le permitan a nuestros clientes volver. No queremos que vengan a comprar algo una vez cada tanto, queremos que vuelvan seguido”.
Algunos clientes ya son amigos y a veces hasta nos hacen algún regalo; algún vino, o una longaniza, siempre hay algo”, agrega.

La Pompeya - Ventanal de entrada.
Los ventanales de la panadería y la fachada resisten el paso del tiempo.

La fórmula no falló, la clientela se mantiene fiel y por eso hay familias enteras que compran en este local que, visto desde afuera parece anclado en una época que ya no existe, pero que sigue viva en esos sabores únicos que salen de La Pompeya, una panadería “como las de antes”, pero que sigue adelante contra viento y marea.
“La panadería es como mi hogar, crecí acá y disfruto el oficio y el compartir momentos con otros italianos”, cierra Mássimo.

La Pompeya, una panadería italiana “de las de antes” ultima modifica: 2020-03-12T08:00:00-03:00 da Francisco Daniel Zazzu

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