“Es difícil negar nuestros orígenes, estos se llevan siempre en la sangre. Quien olvida sus raíces y tradiciones, deja de lado su pasado y hasta su identidad…No logra comprender el presente y mirar hacia el futuro”. Es por este motivo que no puedo dejar de hablar sobre mi pasión por las tradiciones calabresas sin mencionar a mi nonna quien me transmitió este amor por mis raíces.
Mi nonna: un gran ejemplo de amor por mis tradiciones
Mi nonna, Antonietta Rago, nació en 1936 en Roggiano Gravina, provincia de Cosenza. Según algunos historiadores, el pueblo data del año 1280 y 1310. A los 18 años, al igual que tantos italianos, dejó atrás su amada Calabria y arribó a Buenos Aires, donde formó su familia en medio de un país y un idioma desconocido. Tuvo tres hijos y seis nietos. Cuando era muy joven, sufrió la pérdida de su esposo a quien amó entrañablemente. De su única hija mujer nació su primer nieto, al cual vio crecer y sembró en su corazón la gran devoción por la Madonna del Pettoruto, por su tierra y por sus tradiciones.

Roggiano Gravina, provincia de Cosenza. PhotoCredit: Gonzalo Roselli.
¿Cómo nació en mí el amor por las tradiciones calabresas?
La respuesta es simple: al escuchar hablar a mi nonna en dialecto sobre su pueblo, su cultura y sus tradiciones. Poco a poco, desde niño, fui creciendo rodeado de las tradiciones calabresas que ella me transmitió y siempre me esforcé por no olvidar lo aprendido.
Al igual que lo hacía durante mi infancia, aun hoy sigo yendo los domingos a la casa de mi nonna para escuchar juntos la radio italiana. De ella también aprendí a cocinar algunos platos y dulces típicos de la cocina italiana, como i vissiniddri, i turdilli y la pasta cca muddcicca, entre otros. Disfruto de escuchar las historias que me cuenta sobre su Roggiano, su infancia y sobre la vida de mis bisabuelos. Aprender su dialecto y los cantos tradicionales me hace sentir una conexión muy especial con mis raíces.

Buenos Aires celebra Calabria, 2017. PhotoCredit: Gonzalo Roselli.
La importancia de vivir nuestras tradiciones
La pasión transmitida por mi nonna me llevó a conservar las tradiciones. Aprendí a tocar instrumentos como la zampogna y el tamburello y a cantar en dialecto a la Madonna del Pettoruto. Aprendí a bailar la tarantella y comencé a interesarme más por las danzas italianas. En pocas palabras, supe mantener viva la llama de la cultura, la tradición y la fe.
Me siento orgulloso de mis orígenes y considero que es muy importante que los jóvenes no se olviden de sus raíces –sean italianas o de cualquier otro origen– y que mantengan vivas sus tradiciones. Debemos esforzarnos para que esos valores no se pierdan como agradecimiento a nuestros abuelos que trajeron su cultura desde Calabria hacia estas tierras argentinas.
“Girai tutto lu mundo e lu mundo girai. Uu trovu natta terra bella comu attia. Mma non eppi fortuna e mo mi rassignai, non c’esti terra uguali attia Calabria mia. Su’ calabrisi e chi ci pozzu fa'”.


