Mi tío José era todo un personaje. Hermano mayor de mamá. Cuando era joven decidió enlistarse en la Marina. Durante los años 50’s recorrió toda América con la Fragata Sarmiento. Siempre recordaba sus aventuras como cadete en La Habana. En la Cuba de Batista. Y también, sus viajes a la Antártida con el remolcador “Sanaviron”. Era un fumador empedernido, con un gran bigote blanco. Y siempre con una gran sonrisa, contagiosa. De carácter tranquilo, fácil de llevar. Cuando yo era un nene me hacía decir malas palabras en público (cosa que irritaba a mis viejos). Un tío adorable.
Tío José y sus visitas
De eterna camiseta musculosa blanca debajo de sus camisas (fuese invierno o verano) solía visitarnos. Por lo menos, un par de veces al año. Venía de San Luis (en donde vivió toda su vida). Se había mudado allí cuando se casó con la tía Lita (que era asmática). Tuvo durante años una distribuidora de golosinas. Siendo representante exclusivo de Nobleza Piccardo. Cuando enviudó empezó a venir más seguido a Buenos Aires. Se adoraban y querían mucho con mi mamá. Le encantaba que ella le preparara cappelletti en sopa. Era fanático de la sopa. En invierno y verano también. Generalmente se quedaba una semana en casa.

Tío José, un dandy
Había prosperado en San Luis. Tenía una casa gigante de dos pisos con pileta, en la que pasamos muchos veraneos. Y atrás la distribuidora. Para un nene era Disnelandia. Recuerdo perfectamente el olor del lugar (mezcla de dulces con tabaco). Y las furgonetas Citroën color rojo y blanco. Era famoso en todo San Luis. Lo saludaban como “Don José”. Gustaba de apostar fuerte en el casino. Íbamos mucho al Hotel Dos Venados, a Potrero de Los Funes. Amante de la pesca, nos llevaba a hermosos lugares como Nogolí, El Trapiche (a la cascada de La Negra Libre), La Carolina (en donde buscábamos pepitas de oro), etc.

En su casa tenía un enorme living con una gran barra acolchada color verde. Encima, un enorme botellón de whisky con volcador. Era fanático de la Hesperidina. Y también sabía muchísimo de cine. Su actor favorito era Tyrone Power. Y su película preferida, “Las Cuatro Plumas”. Una tarde vimos las tres películas de “El Padrino” una atrás de la otra. No le gustaba bailar. Se afeitaba a la navaja con brocha y jabón. Usaba un sombrero “carajito” de ala corta con pluma (que me regaló). Y tenía un perro genial llamado “Jasper”(Collie de pelo largo).
“Hojas del árbol caídas, juguetes del viento son”
Siempre repetía esta quintilla famosa de José de Espronceda. Solíamos charlar mucho a la noche cuando venía de visita. Hasta la madrugada en la habitación, en una cama marinera rinconera. Y él estaba por quedarse dormido con su cigarrillo entre los dedos que, de inmediato, apagaba en un cenicero de ónix verde. Cuando yo era chico me llevó a Camboriú con mis viejos y su nueva esposa. Un viaje inolvidable. Recuerdo el ascensor del hotel que era vidriado y externo. El mar de playa Joaquina, lo hermoso de Blumenau. El primer Mall que vi en mi vida (con un piso solo de Playmóbil). Un nene brasileño que voceaba diarios: “¡Extra extra! ¡Le cortaron las orejas a Martínez de Hoz!“. Pero, lo que más recuerdo es la risa de mi tío José. Por que lo quise mucho.



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