“Nací en Argentina, me crié en New York y mis padres son de Trani, Italia”. Así se presentaba él mismo, en el memorable concierto que brindara con su quinteto en el Central Park (1987). Su vida está llena de idas y vueltas. De reconocimientos e ingratitudes. De un enorme talento, de pasión, nostalgia, lucha, rebeldía, consagración, egoísmo, locura y audacia. Como una suerte de Sísifo argentino. Pisciano. Con una mirada franca, sonrisa burlona de petiso bravo. Y jodón. Porteñísimo.
La Camorra
Astor Pantaleón Piazzolla nació el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata. Hijo de Vicente Piazzolla y Asunta Manetti, nacidos en Puglia. Su bisabuelo paterno, Ruggero, y su abuelo Pantaleo habían sido marinos. Astor le debe su nombre a Astor Bolognini, violonchelista, amigo de su padre. Bolognini llegó a tocar en la sinfónica de Chicago. Piazzolla heredó el carácter de su padre y el parecido físico de la familia materna. Cuando Astor tenía 4 años su padre Vicente decidió emigrar a New York.

Primero se instalaron en New Jersey, en la casa del tío de Asunta, Pablo Bertolami. Y después se mudaron cerca de Little Italy, en Manhattan. Frecuentaban en septiembre la fiesta de San Genaro. Vicente encontró trabajo en una barbería de un siciliano, Nicola Scabutiello. En el fondo levantaban juego clandestino. Durante la ley seca Vicente y Asunta fabricaban whisky en su bañera. Y lo distribuían en una moto con sidecar.
Su infancia junto a su padre
Con Astor pequeño a ningún policía se les ocurría pararlos. Cuando creció su padre le compró un bandoneón. Lo había adquirido en un local de compra-venta del barrio judío. Dos veces por semana lo llevaba al Bronx para que aprendiera a tocarlo. Estaba convencido del destino de grandeza de su hijo. Y lo hizo genial. Astor tocaba tangos todas las noches antes de cenar y Vicente se emocionaba. Su padre también le enseñaba a boxear: “Nunca dejes que te peguen. Antes que te peguen, pegá vos”. Encontraron a un maestro italiano que le enseñaba a Astor música clásica. Pero como no tenían dinero le pagaban con ravioles o canelones. En 1935 Gardel se encontraba filmando en Nueva York, “El Día que me quieras”. Piazzolla le llevó de regalo al ídolo una talla en madera que había hecho su padre. Gardel quedó encantado.

Vuelvo al Sur
En 1936 vuelven a Mar del Plata. Pero antes de volver Piazzolla hace de “canillita” en una escena con Gardel y Tito Lusiardo. Al enterarse que este toca el bandoneón “El Zorzal” lo invita a una gira. Los padres se niegan. Y le salvan la vida. Gardel muere en esa gira en Medellín. En su regreso a la Argentina Piazzolla se enamora del tango. Escucha por radio a Elvino Vardaro y Pedro Maffia. A los 16 años se instala en Buenos Aires. Y forma parte de la orquesta de Miguel Caló. Vivía en una pensión miserable. Y de noche lloraba. Después empieza a tocar en cabarets. Y a estudiar con Alberto Ginastera. Comienza a frecuentar los ensayos del Teatro Colón. Pero también a Aníbal Troilo. Se convierte en primer bandoneón de su orquesta. Se casa en 1942 con Dedé Wolff. En 1943 nace Diana. Y en 1945 Daniel.

Verano Porteño
Con Pichuco empiezan a surgir diferencias cuando no le permite a Piazzolla arreglar sus tangos. En 1944 se pasa a la orquesta de Florentino. Que pronto pasa a llamarse “La Orquesta Típica de Astor Piazzolla”. “Mi música es para gente que piensa”, declara. En la era de los bailes a Piazzolla no le iba bien. En 1950 deja de tocar y solo vive de sus arreglos. Gana un premio para estudiar orquestación y dirección. Y viaja a Europa en donde se da un encuentro clave con Nadia Boulanger. “Mi segunda madre”, según Astor. Vuelve a Buenos Aires en 1954. Eufórico forma su octeto. Stampone, Bragato, Baralis, Federico, Malvicino, Francini y Greco. Hacen tango para escuchar, no para bailar. Toca muchas veces gratis. Sin dudarlo se va con su familia a Nueva York.
Adiós Nonino
“En este país no es lo que sepas, sino a quien conozcas”, le dice a Astor un productor. Pasa 3 años sin trabajar. Rechazó ser traductor en el Banco Nación. Y en un momento muy duro llegó a robar jamones en un mercado. En 1959 viaja a Puerto Rico para acompañar a Copes y Nieves. En la noche del debut muere su padre Vicente “Nonino”. Astor toca igual. Regresa a Nueva York y en media hora se encierra a llorar y compone “Adiós Nonino”.

Muerte del Ángel
Con lo que gana con “Adiós Nonino” se paga el regreso a Argentina. Y se separa de su mujer Dedé. Forma un quinteto y toca para un público muy pequeño. Se une al poeta Horacio Ferrer y juntos componen la operita “María de Buenos Aires”. Y luego “Balada para un loco” en la voz de Amelita Baltar (quien fue su pareja). Para el Festival Buenos Aires de la canción. A ver si logran ganar 2500 dólares. Triunfan. Pero la canción es impugnada por no ser considerada un tango.
Libertango
En 1973 se va a vivir a Italia. Allí forma un octeto electrónico con su hijo Daniel. Graba con Mina y Gerry Mulligan, entre otros. Y obtiene el reconocimiento que no tenía en Argentina. El bandoneón pesa 10 kilos. Astor perdía 2 kilos por concierto. “Cambio todos los años”, dice Astor. Regresa a Buenos Aires en 1978. Vuelve a la formación de quinteto. Su hijo se lo recrimina. Y esto los distancia durante diez años. Se instala en Punta del Este junto a su segunda mujer, Laura Escalada. En 1983 le llega la consagración con gusto a revancha, tocando sus obras en el Teatro Colón.

Balada para mi muerte
Recién en 1987 logra su sueño de poder comprarse un Mercedes Benz. Y nunca abandona su otra pasión, la pesca de tiburones. Realiza el concierto memorable en el Central Park. En un asado quema todas sus partituras. “No hay que mirar para atrás. Siempre mira para adelante“. En 1988 lo operan del corazón (ya en 1973 había sufrido un infarto). En 1989 se reencuentra con su hijo Daniel. El 4 de agosto sufre una trombosis cerebral en París. Muere el 4 de julio de 1992 en Buenos Aires. “Moriré en Buenos Aires, será de madrugada”. Su obra es eterna.



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