Llego a Ludmila Verdefronte por una nota que hice del restaurante Pinuccio & Figli. En Instagram, un contacto italiano llamado Vincenzo me escribió, contándome que Ludmila es la nieta de Pinuccio. Y tuve el placer de conocerla. Es una cantante y una persona exquisita y sensible. Con una historia de idas y vueltas. De búsqueda. Con un talento que, acaso, la Argentina se esté perdiendo. Ludmila canta desde los tres años. Vivió 15 de su vida en Italia. Está casada con un salernitano (como su abuelo) llamado Cármine. Aquí un poco de su historia.

Ludmila Verdefronte & Pinuccio
Pinuccio Verdefronte fue un pionero de las cantinas italianas en Buenos Aires. Hizo la guerra en Yugoslavia y vino a la Argentina. “Se arremangó y se puso a laburar“, cuenta. Hablaba el castellano con dificultad. “A Pinuccio no se le entendía nada“. Ludmila creció corriendo por entre las mesas de ese restaurante, que todavía existe. “Decame en paz“, farfullaba su abuelo con voz disfónica. O decía “me se cae” (en lugar de “se me cae”), con el cocoliche propio del habla inmigrante. Sin dudas, estas vivencias quedaron marcadas para siempre. Pinuccio era muy celoso (en general) y con sus recetas. Y no le pasó ninguna a su nieta. “El fuego es el que hace todo“, le decía. Pinuccio murió en 2009, a sus 89 años. Trabajó hasta al final y vivía arriba de su restaurante.
“Estoy siempre en búsqueda”
Estudia piano desde los 7 años. Un deseo frustrado de su madre, que murió prematuramente a sus 29. Ludmila estaba en segundo grado. Cuando Ludmila cumplió los 15, su padre decidió irse del país con su familia. Vivió en Salerno 15 años. Pero se preocupó mucho por no perder su acento argentino. “Querés cuidar tus recuerdos incluso en el lenguaje“. Siente que es parte de ese grupo de “gente que no se siente de ningún lugar“. Sin embargo tiene una impronta y un modo absolutamente italianos. Y claro, porteños. En Italia, empezó a cantar de manera profesional. Estudiando conoció a Cármine. Y a los 25 se pusieron de novios.

“Tus raíces son tus raíces”
“Siempre se extraña“, dice. En Italia frecuentemente cantaba jazz, música italiana, bossa. Pero nunca más volvió a tocar el piano. Casada ya con Cármine decidieron en 2015 irse a Inglaterra. Él es ingeniero civil y no encontraba trabajo en su país. Vivieron un año y tres meses en Reading. Ludmila no se adaptó. A la falta de luz (es de noche a las 5 de la tarde), a la frialdad de la gente y del clima.”Tenía frío hasta en los ojos“. Se abrigaba tanto que “era un muñeco de nieve caminando“. En 2017, tomaron la decisión y vinieron a la Argentina. Era un deseo de Cármine también. Quería “terminar de conocerme a mí“. Conocer “el idioma de la persona que querés“.
Ludmila Verdefronte: “Cantar tango me movió el piso”
Extrañaba de la Argentina el olor de la tierra, el olor de la ciudad. Después de 15 años volvió a tocar el piano. En Italia, al comienzo le preguntaban: “¿Sos siciliana?” (por su acento). Aquí pensaban que era italiana. Ludmila extrañaba las empanadas, el mate, el dulce de leche y los Marroc. Le pareció violento que en Argentina haya que poner la edad, la cara o el sexo en un CV. Cosa que no existe en otros lugares. Cármine de inmediato consiguió empleo. Ella empezó a estudiar, en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. “Me enamoré de la EMPA“. Trabaja dando clases. Y lloró mucho cuando oyó un bandoneón por primera vez.
Lo que vendrá
Aquí le tocó trabajar también en comercio exterior. Y en el Consulado. Cuenta que en Italia “no existe la noche” y se trabaja todo el día. Tampoco romantiza Buenos Aires. “Vi tanta pobreza que lloraba. Tanto desequilibrio social“. Siente que, en general, la ciudad es más agresiva. Pero que los italianos también se ofenden con facilidad. No descarta regresar a Italia. En donde hay “otro respeto por el artista“. En Buenos Aires, le tocó “pagar para cantar. O hacerlo gratis“. Ojalá alguien la descubra y no se pierda el talento de Ludmila. Todavía están a tiempo.
Autor de la imagen de portada: Facebook Ludmila Verdefronte



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