La historia de los inmigrantes italianos es siempre fascinante. Uno puede reconocerse. Casi encontrarse en esas historias. Puede ser la historia de tu abuelo. O el mío. Los orígenes, las raíces son las mismas. Todos somos hijos o nietos de sobrevivientes. Son todas historias fascinantes. Dolorosas. Trágicas. Y esperanzadoras. La de Don Gaspar Fazzi es igual a muchas. O acaso única. Él volvió de la muerte.

En el corazón de Sicilia
Gaspar Fazzi viene al mundo un 23 de agosto de 1916. En Enna, en el centro de Sicilia. Tuve la suerte de conocer esa parte de la isla. No está muy explotada turísticamente. Lo más cercano es Piazza Armerina. Estuve en Valguarnera Caropepe. Y es, sin dudas, un lugar sicilianísimo. La historia de Don Gaspar me llega a través de su nieta Cecilia. Que volvió de un viaje iniciático a Italia justo antes de que se desatara esta pesadilla internacional. Gaspar era su abuelo favorito. Veterano de la segunda guerra mundial. Telegrafista. Le tocó luchar en Etiopía. Y fue prisionero de los ingleses. Le gustaba contar esas historias. Cuando él quería. Hombre de carácter (sin dudas forjado por las circunstancias). De “pocas pulgas” (sicilianísimo). Hasta último momento supo transmitir alegría. Su nieta cree que ese fue el secreto que le hizo sobrevivir a todo. Incluso a su propia muerte.

Su temperamento lo salvó
Gaspar fue perseguido por gorilas. Cocodrilos. En Etiopía cocinó ranas con ramas. Fue maltratado por los ingleses cuando estuvo cautivo. Su propio ejército lo obligó a disparar. Y eso fue muy doloroso para él. Pero a pesar de todo sobrevivió. Menos a un cuñado. Gaspar tenía dos hermanas. Y un cuñado estafador. Que le mandaba cartas falsas a su suegra (la madre de Gaspar). Doña Matilde. Y llegó a hacerlo dar por muerto. Todo por una propiedad. El cuento duró poco. Por que Gaspar volvió. De la guerra. Y de su propia “muerte”. Su madre no podía creerlo. Gaspar se casó con Carmela Greca en 1947. Tienen dos hijos. En el 47′ nace Matilde. Y en el 49′ Mario. No llega hasta nosotros qué destino tuvo el cuñado. Gaspar, que había sobrevivido a casi todo, no pudo sobrevivir a esa traición. En 1950, junto a un paisano, se embarcó.

Inmigrante no hay camino
Como se usaba en aquel entonces, viajó él primero rumbo a nuestro país. De oficio muratore se estableció en la zona de Carupá (San Fernando). Al principio vivió en un conventillo (como tantos otros inmigrantes). Pero supo progresar gracias a su tenacidad y su oficio. E hizo venir a su familia. Levantó su casa con sus propias manos en 1956. En Don Torcuato. Y vivió su vida. En 1979, muere su esposa Carmela. Y su familia pensaba que no se iba a recuperar de ese dolor. Vuelve a Sicilia en 1981. Y se queda un año. Pero en 1982 regresa. Nacía su nieta. Y no iba a perdérselo.
Don Gaspar Fazzi
A Don Gaspar le gustaba jugar al póker. Amasar canelones con ricotta y nuez. Para sus nietos y su familia. “A lavarse las manos”, mandaba, cuando alguien entraba a la casa. No le gustaba la bebida. Escuchaba la radio todo el tiempo. Hablaba en “cocoliche”. Le gustaba la ópera. Pavarotti. La música clásica. Mantenía su vínculo con la madre patria, saludándolos para las fiestas. Don Gaspar era muy cariñoso. Sobre todo con su nieta Cecilia. “Me crió. Fue como un segundo papá”. En el 2000 dicen que murió. Pero alguien que está así de vivo en el corazón de su nieta. Creo que sobrevivió.


