Antonino “Nino” Benenati era el más fanático siciliano que conocí en mi vida. Venido en la última oleada inmigratoria. En la posguerra. Había nacido en Barcellona Pozzo di Gotto, Messina, Sicilia. Se parecía a Amedeo Nazzari. Sobre todo en el personaje que este interpretaba en “Il Gaucho“. Era fanático de Sicilia. Pero de verdad. Vivía en Caseros. En una casa enorme (que parecía un museo). Su living estaba repleto de vitrinas con jarrones, ánforas, carrettos sicilianos, souvenirs, etc. Un lugar único. Sí, hasta en el patio había construido una fuente. Con la forma del volcán Etna. Pero además era una bellísima y buena persona.
Nino, el siciliano
Casado con Martha (que era de familia española), tuvieron tres hijas. Y varios nietos. De los que estaba absolutamente orgulloso. Tuve la suerte de conocerlo en las fiestas de Italianissima. Que organizaba Héctor Ricardo Milanesio. Era parte del grupo de “los sicilianos” que frecuentábamos la fiesta. Parte del grupo también era Nino Baudo. Un albañil siciliano. Increíblemente del mismo pueblo que Nino. Que recitaba en dialecto. Y fabricaba sus propios “maranzano” (arpa de boca). Ahí comenzamos una verdadera amistad. Que duró para siempre. Nino Benenati así de apasionado y fanático de Sicilia que era, decía que la mejor música era la napolitana. Y su canción favorita era ‘Na sera ‘e Maggio.
Nino Benenati, un auténtico siciliano
Años más tarde se convirtió en presidente de AITAE en Argentina. Associazione Italiana Tutela Assistenza Emigrati. Y le dio impulso al Turismo Sociale. Es decir, viajes muy económicos para los sicilianos que nunca habían vuelto. O sus descendientes. La administración anterior a cargo de un “professore” (del que me reservo el nombre); hacía algo lamentable y muy común. Le llegaban todos los años las partidas para viajar. Y año tras año, viajaba él junto a toda su familia. Eso se terminó. Y la actividad empezó a funcionar como correspondía. Nino siempre me invitaba. Y el viaje era realmente muy barato. Pero yo estaba (para variar) sin dinero.
Mi viaje en Italia
Nino Benenati en su administración realizó varios hitos. Logró traer a compañías teatrales dialectales. Como la de los actores Gilberto Idonea y Pippo Provvidenti. Ambos se lucen en Malena de Giuseppe Tornatore (entre otras series y filmes). Que se presentaron en Unione e Benevolenza. Y en el teatro del Club Italiano. Respectivamente. También había viajado para estos eventos el presidente de AITAE de Sicilia. El profesor Giovanni Allegra. Que también era Sindaco di Raddusa. Mi amigo Salvador Guida nos presentó. Le dijo de mí: “Es más siciliano que los sicilianos”. La hija de Allegra, Ivana, estudiaba español. Y nos llevamos bien de inmediato. En resumen, fui invitado y becado. Eso fue en 1999. Yo tenía 22 años
Nino en Sicilia
Todo italiano, todo siciliano, en la madre patria es otro. Se convierte, se euforiza. Ese era el caso de Nino. Se movilizaba con un bastón por un problema en su pierna. Pero en Sicilia no sufría dolores. Cantaba siempre. Sobre todo “Vitti n’a crozza“. Paramos en un hotel de Giardini Naxos. Cerca de Taormina. Y éramos compañeros de habitación. Comíamos pez espada alla griglia, con vino blanco. Y junto al tour recorrimos toda Sicilia. Desde los lugares turísticos: Catania, Palermo, Agrigento, Siracusa, Noto, Caltagirone, etc. Hasta pueblitos como Canicattí o Racalmuto. En donde era muy emocionante ver a los sicilianos que venían en el tour. Y nunca habían vuelto a sus pueblos.
Nino Benenati
Es difícil describir a un amigo. A alguien tan italiano. Tan apasionado. Es más, tan siciliano. Nino ya no está. Pero dejó un legado. En todos los que lo conocimos. Su fanatismo, su amor por Italia, contagiaban. Tenía carácter. Como aquella vez en el Aeropuerto de Catania. En el que no querían embarcarnos por sobrepeso. El traía un jarrón enorme. Entre otras cosas. Hizo un escándalo. Y logramos subir. En medio del vuelo (estábamos a la altura de París), un pasajero murió. Y tuvimos que volver a Frankfurt.
Nino era muy supersticioso. Y no le gustó nada esto. Además sabía que el avión tenía todo el combustible para volver a Argentina. El avión estaba pesado. Así que después de dar vueltas y arrojar el mismo al mar. Logramos aterrizar. Pero Nino se persignaba y encomendaba. Como en una comedia italiana. Nunca voy a olvidar su sonrisa, su pasión, su energía. Su voz. Y su amistad. Grazie Nino!! Arrivederci!!

