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La Biblioteca Nacional: una biblioteca bien argentina

la biblioteca nacional- Biblioteca Nacional

Este año se cumple el 210° aniversario de la creación de la Biblioteca Nacional. ¿Sabés por qué es importante para un país? O ¿por qué la sede actual parece una edificación un tanto extraña para una biblioteca? En primer lugar, la Biblioteca Nacional es aquella institución que no sólo atesora toda la producción nacional y  extranjera sobre un país, sino que también la organiza y la difunde. Es por ello que constituye el centro bibliográfico por excelencia, cuyo objetivo primordial es la difusión y promoción de la cultura nacional. En la siguiente nota, les contamos un poco sobre su historia y su importancia para nuestro país.

Un poco de historia, los comienzos de la Biblioteca Nacional 

Al igual que la historia de nuestro país, la Biblioteca Nacional también surgió en los albores de la Revolución de Mayo. Nació como Biblioteca Pública de Buenos Aires de la mano de Mariano Moreno un 13 de septiembre de 1810, durante el gobierno de la Primera Junta. Aquella biblioteca tuvo su primera sede en el Cabildo durante dos años. Luego, al abrirse al público, se mudó a la Manzana de las Luces, en la intersección de las calles actuales Moreno y Perú. Mariano Moreno impulsó su creación en el marco de un conjunto de medidas que estaba llevando a cabo. Dentro de este plan, también se encontraba la fundación de la Gazeta de Buenos Aires en junio del mismo año. Ambos proyectos estaban estrechamente vinculados y tenían un mismo objetivo: formar una ciudadanía atenta a la vida política y cívica.

La Biblioteca Pública de Buenos Aires residió un tiempo en la Manzana de las Luces. Photocredit: Gentileza Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires: travel.buenosaires.gob.ar

Asimismo, el primer fondo bibliográfico de la entonces Biblioteca estaba conformado por la colección expropiada perteneciente al obispo Orellana,  juzgado por conspirar contra la Junta. Este primer patrimonio también fue constituido por las donaciones de José Luis Chorroarín, Manuel Belgrano, del Cabildo Eclesiástico y del Real Colegio San Carlos. Los inicios de dicha Biblioteca estaban profundamente hermanados con los ideales revolucionarios de nuestra incipiente Nación. Antes de la existencia del Estado Argentino como tal, la Biblioteca ya se constituía como un agente difusor de tales ideas.  En pocas palabras, la creación de la Biblioteca Pública es un hecho estrictamente político y así fue pensado por su fundador.

De la Biblioteca Pública a la Biblioteca Nacional

El presbítero Luis José Chorroarín fue el primer director de la Biblioteca Pública de Buenos Aires. Luego, vendrían tantos otros como Saturnino Segurola, Fray Cayetano Rodríguez, Manuel Moreno (hermano de Mariano), Marcos Sastre, Carlos Tejedor, José Mármol (autor de Amalia), Vicente Quesada, Manuel Trelles y José Antonio Wilde. En octubre de 1884, la Biblioteca Pública se nacionaliza. Un año más tarde, el escritor y bibliotecario francés Paul Groussac asume su dirección, que ocupó durante 44 años. Gracias a su gestión, la Biblioteca se mudó, nuevamente, al edificio situado sobre la calle México 564, en el barrio de San Telmo. ¿Un dato curioso? La idea original era que dicha sede estuviera destinada a la Lotería Nacional.

La tercera ubicación de la Biblioteca Nacional fue en el barrio de San Telmo.

Lo bibliotecarios

Durante la estadía de Paul Groussac, la Biblioteca vivió un proceso de modernización, se creó la Sala del Tesoro y se duplicaron los fondos bibliográficos. Se convirtió en un punto de referencia para el pensamiento argentino, en cuanto a temas históricos y a la crítica literaria. En el siglo XX, se sucedieron otros tantos directores: José Luis Lanza, Carlos Merlo, José Edmundo Clemente (bibliotecario), Gustavo Martínez Zuviría y el prolífico escritor Jorge Luis Borges. Es importante aclarar que, de los múltiples directores que tuvo la Biblioteca Nacional, sólo cuatro de ellos fueron bibliotecarios profesionales: Manuel Trelles, Paul Groussac, José Edmundo Clemente y Elsa Barber. En cambio, otros tantos escritores, historiadores, periodistas, filósofos, hombres de la cultura han ocupado y ocupan dicho puesto. Si bien Borges dio a la Biblioteca cierto prestigio cultural, no avanzó en materia de organización de la información propio del carácter bibliotecario.

El proyecto de Clorindo Testa: el edificio actual de la Biblioteca Nacional

Durante la gestión de Borges surgió la necesidad de mudar nuevamente la colección a un nuevo edificio. Por lo tanto, el gobierno del entonces Presidente Arturo Frondizi determinó que la Biblioteca Nacional se erigiera donde, hasta 1956, se había encontrado el Palacio Unzué. Ésta había sido la residencia presidencial de Juan Domingo Perón. Sin embargo, luego fue demolida por la Revolución Libertadora. Se destinaron tres hectáreas para la nueva sede, entre las avenidas del Libertador General San Martín y Las Heras, y las calles Agüero y Austria. Para la construcción del edificio se realizó un concurso de anteproyectos del cual participaron grandes arquitectos de la época. El elegido fue la presentación realizada por el arquitecto italiano Clorindo Testa, Alicia D. Cazzanica y Francisco Bullrich. Sin embargo, su inauguración fue recién en 1993. Esta es la sede actual y, por ahora, definitiva.

El edificio proyectado y creado por Clorindo Testa pertenece a la corriente del brutalismo. PhotoCredit: Gentileza Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires: travel.buenosaires.gob.ar

La simbología de la edificación

Si observamos el edificio actual de la Biblioteca Nacional, observaremos características notables del diseño brutalista. Este estilo, surgido en la década ‘50, se caracteriza por dejar a la vista las estructuras de hormigón armado y tratarlas de manera escultórica. A lo largo de la historia de la arquitectura urbana, dicho edificio fue puesto bajo estudio. Frente a su particular forma, surgen diversos significados. Algunos defienden que la estructura se asimila a una mesa con sus cuatro patas. Otros ven en ella a un árbol con las raíces bajo tierra. Esta última acepción podría justificarse sabiendo que la colección de la Biblioteca Nacional, es decir aquello que la vivifica, se encuentra en los subsuelos que se extienden bajo la Plaza del Lector. De esta forma, permite la posibilidad de que el acervo bibliográfico continúe creciendo sin la necesidad de construir otro edificio.

Un breve recorrido por la Biblioteca Nacional

Para ingresar a la Biblioteca Nacional, debemos subir por la rampa que nos posiciona directamente en la planta baja. Debajo se encuentran los tres subsuelos antes mencionados y un entrepiso. Allí se sitúan las salas de Hemeroteca, la sala de lectura para no videntes y las oficinas administrativas de la Biblioteca Nacional (Adquisición e intercambio bibliográfico, Relaciones Públicas e Institucionales, Archivo del patrimonio arquitectónico del edificio, Procesos técnicos del material bibliográfico que ingresa a la institución, entre  otras). Entre el entrepiso y la planta baja, en un sector separado, encontramos la Escuela Nacional de Bibliotecarios. Ésta fue creada en 1956, gracias al vice director (José Edmundo Clemente) y a la bibliotecaria Josefa Sabor.

Una rápida visita a la Biblioteca Nacional

La Escuela tiene carácter de instituto de formación profesional de nivel terciario y otorga el título de Técnico Superior en Bibliotecología. Además, la Biblioteca cuenta con siete pisos de los cuales cinco de ellos están destinados al usuario. De esta forma, la Biblioteca posee un auditorio, salas de exposiciones, una audioteca y mediateca, la fototeca, la mapoteca, la Sala del Tesoro y un Archivo de manuscritos y materiales inéditos. En los últimos pisos, con vista al Río de la Plata, se encuentran las salas de lectura y el sector de Referencia. El 28 de noviembre de 2012, mediante la Ley 26.807, finalmente se le otorgó el nombre de Mariano Moreno. De esta forma, se le brinda homenaje a su fundador y al hombre que la vio nacer e impregnó en ella sus ideas más profundas. 

Las bibliotecas en la actualidad

Pensemos dos segundos, ¿qué imaginamos cuando pensamos en la biblioteca y en el bibliotecario? ¿Es una representación anclada en los monjes medievales y en su necesidad pura de conservación (parecida a la novela El Nombre de la Rosa)? Debemos desechar dicha idea, estamos alejados de la realidad. Hoy, en la era de la virtualidad, las bibliotecas tienen un rol primordial: la divulgación de la información y del conocimiento. Y los bibliotecarios no se quedan atrás. Son verdaderos promotores culturales, profesionales capacitados en las herramientas informacionales, digitales y tecnológicas. Lejos de verse opacadas por las pantallas, las bibliotecas han sabido resurgir, reinventarse y descubrir su verdadero objeto de estudio: la información. El soporte material ha evolucionando a lo largo del tiempo: desde el papiro hasta el formato digital.  Lo mismo sucede con la biblioteca y los profesionales de la información, que defienden su lugar en este mundo moderno que estamos transitando. 

Photocredit de portada: Gentileza Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires: travel.buenosaires.gob.ar

La Biblioteca Nacional: una biblioteca bien argentina ultima modifica: 2020-07-23T09:58:00-03:00 da Marina Artese Grillo

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