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Rosina y Romano: la historia de un amor vencedor

Rosina y Romano.

Mi vínculo con Italia nace a partir de mis nonnos maternos, Rosina y Romano. Ellos fueron mis segundos padres, por lo que la cultura italiana, así como el idioma y las comidas típicas, formaban parte de mí diariamente desde que nací. Estar en casa de italianos era tener la RAI de fondo, siempre, escuchar que nunca perdieron su acento (es más, se los cargaba porque no podían decir “caja”, el sonido de la “j” del español no es fácil para un italiano), y muchísimas cosas más que hicieron y hacen que sienta un profundo amor por Italia y todo lo que conlleva dicho país. Por este vínculo tan, pero tan cercano, es que decidí hablar en mi primer artículo, resumidamente, sobre ellos dos, Rosina y Romano.

Breve biografía de Rosina y Romano

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Rosina con 15 años. Photocredit: Nahir Teren

Rosina (Urbino, Pesaro, 20/4/1925), mi nonna, ama de casa, sin la primaria terminada, pero más inteligente que muchos, lista, viva, rápida para las resoluciones diarias, costurera increíble. Su nombre era Rosa, pero todos la conocíamos como “Rosina”. Mayor de cinco hermanos, fue quien primero dejó la casa natal, para irse a otra ciudad a cuidar a niños. Durante la guerra, con tan solo 12 años, ya sabía cómo y dónde esconderse con los niños a los que cuidaba de los bombardeos.

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Romano Dionetti

Romano (San Stino di Livenza, Veneto, 24/1/1920), il mio nonno, carpintero de oficio (todavía conservo los muebles que realizó hace más de 50 años) y, luego de varios años de vivir en Argentina, se dedicó a la construcción. Él fue quien construyó el primer edificio de alto en Monte Grande, GBA Sur, de nombre “Via Veneto”, pero ya hablaré de su influencia en esta ciudad en otros artículos; así como de la Asociación Italiana en Monte Grande, de la cual él formó parte varios años.

Reencuentro inesperado que cambiaría sus destinos

Rosina estaba de espaldas en una iglesia en Bologna con 13 años, y él se enamoró de ella a primera vista, a los 18. Se conocieron, pero él partió a la guerra. La incertidumbre de ambos de volver a verse les llenaba los días. No había esperanzas de que Romano volviese, excepto para Rosina. Lo “gracioso” en esta parte de la historia es que Annunziata, su madre, le había dicho a Rosina “ya veo que arriva il giorno en que yo hago la sopa” (era una de las comidas típicas y especiales que no se hacían a menudo). Dicho y hecho, Romano tocó la puerta el día en que su futura suegra había hecho la sopa. Rosina, a sus 15 años, al verlo, se desmayó. Él volvió de la guerra a buscarla con 20 años.

Juntos hasta el final

Génova los esperaba debido al trabajo de Romano. Rosina cuidaba los niños de la casa, y él hacía trabajos de carpintería para el patrón de la casa, quien les daba alojamiento. Este oficio se convertiría en su profesión para siempre. El futuro les depararía mucha felicidad, la cual no habían tenido hasta ese momento, así como él, ella también se merecía el amor y la felicidad. Se casaron en Urbino, ciudad natal de Rosina, el 17 de agosto de 1947. En 1949 llegó Rosina con Silvana bebé; Romano ya estaba esperándola en puerto argentino. Tres años después, y ya radicados en Monte Grande, llegaría su segunda hija, Liliana.

Rosina y Romano

Rosina y Romano en diciembre de 2012; yo con ellos. Él fallecería en agosto de 2013. Y ella, en octubre de 2016. PhotoCredit: Nahir Teren

Argentina les dio lo que, lamentablemente, Italia no pudo brindarles en ese momento. Siguieron visitando, hasta donde la salud les permitió, a sus hermanos o parientes de Italia. Italia nunca dejó de estar en sus corazones ni en su vida diaria. Así, como creo yo, para tantos otros inmigrantes que dejaron su país de origen y su idioma, para apostar a un futuro lleno de esperanzas y de casilleros por llenar hasta el final de sus vidas.

Nahir Teren

Autore: Nahir Teren

Autore: María Nahir Teren
Me llamo María Nahir Teren. Nací en Monte Grande, provincia de Buenos Aires, el 21 de marzo de 1992. Soy Traductora Pública de Inglés, Correctora Internacional de Textos en Idioma Español, y me dedico, principalmente, a dar clases de conversación en inglés vía Skype. Desde chica, gracias a mis nonnos maternos, respiré todo lo referido a Italia: desde el idioma hasta el olor a un típico tuco, pasando por los programas que la RAI transmitía. Romano y Rosina: ellos hicieron que yo ame a Italia y aún
más sus lugares de origen, Venezia y Urbino, respectivamente.

Rosina y Romano: la historia de un amor vencedor ultima modifica: 2018-09-25T12:06:42+00:00 da Nahir Teren

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