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La Madonna del Pollino en Caballito

Pollino - La Madonna del Pollino en Caballito

Encontrarse con el corazón del Pollino en pleno Caballito es algo impresionante, especialmente si tiene que ver con la fé de uno. Jame Joyce decía que las epifanías son momentos reveladores, que nos permiten entender la esencia de cada individuo. Son inconscientes. No se plasman, no se eligen. Simplemente llegan.
Nací en una ciudad de mar entre tradiciones y costumbres de un pueblo de montaña. De mi padre heredé sus ojos de migrante y los verdes valles de su amado monte: el Pollino. Había emigrado a la ciudad en búsqueda de un sueño y sin darse cuenta había construido, a pesar de la nostalgia, su nuevo hogar. Yo hice lo mismo. Compré un pasaje de avión y terminé a once millones de kilómetros siguiendo, inconscientemente, su misma quimera. Como en un poema de Rosalía de Castro había dejado mis ríos y montañas y había llegado a otra tierra más llana y más sonámbula.
Un día caluroso de verano me había perdido, como de costumbre, por las geométricas calles de Buenos Aires y me había topado sin querer en una tímida iglesia amarillenta. Entré y observé sus colores calmos y su perfume. Arriba del presbiterio se destacaba un crucifijo de madera. Todo parecía sereno. En la nave izquierda estaba –cubierta con su manto azul– una estatua de la Virgen del Pollino. Fue ahí que tuve mi epifanía: confieso que nunca me sentí tan cerca estando tan lejos.

La Madonna del Pollino: su historia

La historia de la Madonna del Pollino empezó en el lejano 1725 en un pequeño pueblo de la Basilicata, San Severino Lucano. Una mujer llamada Rosa Maria decidió con la ayuda de su hermana Vittoria subir al Monte Pollino, la montaña más alta de la zona. Rosa María había escuchado que un pastor había visto allí a la Virgen María y pensaba que era la última posibilidad para salvar a su marido, Antonio Perrone, que padecía de una enfermedad incurable.

Pollino - La Madonna del Pollino en Caballito

El camino a la montaña no era fácil. Las dos mujeres tenían mucha sed, que no podían saciar. Todo parecía imposible hasta que apareció, de repente, un chorro de agua, que brotaba enérgicamente de una cueva. Al acercarse, sintieron el impulso de entrar en ella y ahí descubrieron una pequeña estatua de la Virgen y el Niño Jesús. La sonrisa de María parecía un poco descolorida y desgastada por el tiempo pero bastó para apaciguar las almas de las dos aventureras.
Una vez que se hizo tarde, empezaron a bajar, y al llegar a San Severino se encontraron con una emocionante sorpresa: Antonio estaba bien. Las lágrimas de la mujer no se contuvieron y Antonio al oír la historia no perdió tiempo para decidir construir una pequeña capilla arriba en el monte. Desde aquel entonces, el monte se convirtió en un lugar de fe donde el peregrino busca saciar su sed espiritual y encontrar la paz.

La iglesia del Buen Pastor

Pollino - La Madonna del Pollino en Caballito

A los inicios del siglo XX la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor sintió la necesidad de construir en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires un oratorio y una parroquia para cobijar a sus fieles. La iglesia fue un proyecto del ingeniero Rómulo Ayerza. Es una iglesia neorrománica adornada por rosetones, columnillas y ventanas largas y angostas. Entre las numerosas estatuas, se encuentra nuestra Virgen, que fue querida desde la fundación de la parroquia por la comunidad calabro-lucana del barrio, que sentía la necesidad de tener cerca el recuerdo de su verde y salvaje montaña, y de poder revivir tres veces por año con una pequeña procesión las fiestas de su añorada tierra.

Vincenzo Cicale

Autore: Vincenzo Cicale

Me llamo Vincenzo y vivo en Buenos Aires. Nací en la ciudad de un poeta inmigrante, Salerno. De mi madre heredé el canto de su acento campano y de mi padre los ojos de su tierra, la Lucania. Siempre tuve mucha imaginación. De chico me gustaba asomarme a las ventanas y mirar detenidamente las cosas pasar. Me encantaba crear historias e imaginar que los transeúntes eran personajes de novelas detectivescas o de aventuras, que hablaban lenguas desconocidas y que estaban en un país parecido al mío. Algunos años después la facultad de Lenguas y Literaturas extranjeras me dio la posibilidad de saltar afuera de esas ventanas. Empecé a conocer el mundo. Aprendí a usar las alas, a respirar la brisa de la independencia y a darme cuenta que la hibricidad no era más que un cofre de valiosas fotos para que la gente conociera mejor mi país. Durante estos años de ruta me enorgullecí de mi patria y me sorprendí de lo valioso que es ser un embajador sin títulos oficiales. Empecé a amar la Italia buena, sincera y solidaria. Me enamoré de sus verdes valles, de sus playas volcánicas, de sus cuadros renacentistas, de sus letras trascendentales; y me dejé atrapar de su multitalianidad: este abanico de tradiciones, colores y dialectos que hace único este pequeño país del Mediterráneo.

La Madonna del Pollino en Caballito ultima modifica: 2019-05-28T07:00:14-03:00 da Vincenzo Cicale

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