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Gilda Mitidieri: la dicotomía entre la patria perdida y la tierra de llegada

Gilda Mitidieri en Italia

Gilda Mitidieri nació en La Plata en 1962 y, actualmente, reside en dicha ciudad. Sus padres son calabreses: Salvador nació a los pies del Pollino (Cosenza), en Laino Borgo, atravesado por el torrente Lao que de niño lo guiaba al mar de Scalea y de grande a Praia a Mare, junto a sus otros dos hermanos mayores, que le enseñaron a nadar para llegar hasta la isla de Dino. Su madre, Genoveva, nació en Monterosso Calabro (actualmente, Vibo Valentia), sobre el arco meridional de los Apeninos y muy cerca de la cartuja de San Bruno.

“Desde el piso más alto de su antigua casa natal, en las mañanas límpidas de verano, se ve el mar Jónico brillante entre distintos planos de verde desde la ventanita de una habitación y el lago artificial Angitola desde la cocina, más allá el azul del Tirreno y se adivina entre las rocas el castillo aragonés de Pizzo, donde fue fusilado el cuñado de Napoleón, Joaquín Murat, en 1815”, detalla Gilda Mitidieri.

En esta entrevista, nos cuenta sobre cuál es su relación con la tierra de sus padres y sobre cómo vive la italianidad en Buenos Aires, a tantos kilómetros de esa amada tierra italiana.

Gilda Mitidieri: entre Italia y Argentina

Durante su infancia, Gilda oía hablar un poco de todo: maestras y amigas en castellano, calabrés en las frecuentes reuniones de paisanos e italiano cuando hablaban por teléfono con parientes, cantaban las canciones de Sanremo o escribían a todos sus tíos. “Aprendí el idioma formalmente a los 5 años cuando vivimos un año en Italia y concurrí al primer grado. Volví otras muchas veces más de vacaciones o a perfeccionar el idioma y el método de enseñanza en la sede central de la Sociedad Dante Alighieri en Roma.”

Gilda Mitidieri en Italia.

Foto junto a sus amigos del pueblo, del barrio y de la escuela, y algunos primos. Gilda se encuentra en el centro con el pelo recogido y vestido tejido, con una amplia sonrisa, y su hermano de remera blanca está más abajo arrodillado con el brazo derecho tapándose el sol. PhotoCredit: Gilda Mitidieri

Desde pequeña se introdujo en el mundo de las canciones, los bailes, la cocina y la cultura italiana de modo muy natural. Sin embargo, nos cuenta que ama el folclore, la literatura argentina y la generosa geografía de nuestro maravilloso país. “Amo especialmente leer libros. Pero llevo en el alma una marca, como adivino en muchas otras personas igual que yo: la dicotomía entre la patria perdida y la tierra de llegada, la melancolía de lo que pudo ser y la amargura de ver aún no realizadas las esperanzas de grandeza que trajeron mis mayores”.

Gilda es egresada de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata y no dejó nunca de relacionarse con la comunidad italiana local y de las ciudades argentinas donde le tocó vivir. Hace más de 20 años que es docente de lengua y cultura italiana para jóvenes y adultos en la asociación Dante Alighieri de La Plata, gracias al título habilitante del Instituto Superior Joaquín V. González. Recientemente, obtuvo el título de Licenciada en Gestión Educativa en la Universidad del Este (premio de la provincia de Bs.As. al mejor promedio 2016).

El inicio de su carrera como escritora: su primer libro

“Moviéndome en el ambiente de las distintas agrupaciones regionales de la ciudad y alrededores, concurriendo a las festividades religiosas o conmemorativas, me sorprendía verificar que los jóvenes de mi generación conocieran poco y nada del país de origen de sus padres o abuelos y menos aún el idioma. Gilda Mitidieri nos cuenta que, en el caso de las migraciones que invadieron la República Argentina desde el siglo XVI en adelante, no encontró muchas obras de divulgación publicadas con datos concretos sobre la cantidad, el origen y las actividades de estos grupos humanos que modelaron la nacionalidad argentina. “Empecé a averiguar y a leer artículos y descubrí que aquello que de mi ciudad me parecía más bello y armonioso había sido producto de la labor de miles de albañiles y artesanos de la construcción italianos”.

Gilda Mitidieri, año 2016.

“Es fundamental que los descendientes de extranjeros no borremos de nuestros corazones las enseñanzas que recibimos, por la gran riqueza que ello implica para entender nuestra identidad”. PhotoCredit: Gilda Mitidieri

Tras una ardua investigación, el material que almacenaba en fichas era enorme, pasaron los años, nacieron y crecieron sus tres hijos y apareció Internet que le proporcionó aún más información. “Al intentar ordenar tantos datos, algunos contradictorios o incompletos, tuve que hacer un resumen que resultó sin verdadera intención de publicar, en ‘Nuestros ancestros italianos. Quiénes eran, de dónde venían, qué buscaban, qué encontraron’ (agotado) del año 2000, que ganó el Premio al Mérito Literario de la editorial argentina, ya desaparecida, El Quijote”.

Pero había quedado mucho más por decir. Aquel primer libro, fruto de una larga investigación, intentaba aclarar la historia de la inmigración italiana en el país y describir las causas que motivaron el abandono del hermoso Mediodía italiano, una zona cuya historia y desenvolvimiento social es poco conocida y objeto de revisión. “Incluí en el libro las opiniones de los huéspedes y de los anfitriones, sus impresiones y vivencias que en muchos casos no son coincidentes. Mi dualidad interna me empujaba a querer entender nuestra particular idiosincrasia y estilo de vida. ¿Qué pasa cuando los jóvenes no recogen la herencia de sus padres?

La importancia de la transmisión de las enseñanzas

Gilda señala que es fundamental que los descendientes de extranjeros no borremos de nuestros corazones las enseñanzas que recibimos, por la gran riqueza que ello implica para entender nuestra identidad. Su objetivo, en fin, era despertar en sus coetáneos la curiosidad por la propia historia y el reconocimiento del sacrificio de los primeros inmigrantes arribados, quienes con mucha esperanza y amor fundaron la mayor parte de las familias a las que pertenecen.

Gilda Mitidieri

PhotoCredit: Gilda Mitidieri

“Mi mensaje para la comunidad italiana en general es que los responsables de las sociedades italianas regionales traten de dar más apertura a los jóvenes, de segunda y tercera generación de inmigrantes. Los centros regionales deben tentar a esos descendientes que ahora miran hacia otro lado, porque sin la renovación necesaria, todo el esfuerzo de nuestros ancestros se desvanecerá por falta de trasmisión de su pasión y su tenacidad. Son nuestros hijos los que recogerán la herencia para que la historia de nuestros ancestros no quede sepultada en el tiempo y se olvide el valor que significó la inmigración del siglo XIX que hizo de este país una de las potencias mundiales más importantes de la época”.

Amira Celeste Giudice

Autore: Amira Celeste Giudice

Soy de origen italiano, nací en Argentina y vivo en Buenos Aires. Traductora Pública y Profesora de inglés por vocación. Soy muy curiosa y apasionada: amo la cultura, los idiomas, la fotografía y la naturaleza. ¡Me fascinan los libros! Puedo pasar un día entero leyendo. Disfruto de las pequeñas cosas de cada día como escuchar el sonido de la lluvia, observar las estrellas o sentir el perfume de una rosa. Me encanta la jardinería y, en mi tiempo libre, me la paso en el jardín. Amo viajar y descubrir lugares nuevos. Mi lugar preferido en el mundo es Conflenti, la tierra de mi nonno. Creo en la belleza de mis sueños.

Gilda Mitidieri: la dicotomía entre la patria perdida y la tierra de llegada ultima modifica: 2018-09-26T11:22:12+00:00 da Amira Celeste Giudice

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